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Ya sé que es lo que me duele...I Know what it hurts me

Ya sé que es lo que me duele. Lo que me duele y le duele a este cuerpo que habito es este sistema. Me duele saber que diseñamos un sistema por humanos y para humanos y que sea tan disfuncional.
No tiene sentido. Ninguno.
Hoy descubrí que mientras la mayoría estamos desinformados o mal informados, alguien en medio de tanta confusión se enriquece con nuestro dolor, con nuestras desgracias, con nuestro sufrimiento. Y digo que se enriquece porque una gran mayoría pagamos por servicios que nunca usamos o que cuando desafortunadamente los usamos nadie nos informa de todos nuestros legales, pagados y debidos derechos.
Después de un accidente de tránsito, lo que se viene si uno queda lesionado, parece una pesadilla. De las peores. Me he querido levantar de esa pesadilla, muchas noches, muchos días, hay inclusive momentos en que en medio de mucho dolor no sé si aún estoy despierta o dormida. Esto que solía hacer placenteramente, escribir, es hoy doloroso e insoportable. Porque mi dolor pasa de mi cuello a las manos. De las manos a un pie. De un pie a mis brazos. Y así sin más explicaciones he escuchado que me lo merecía, que era mi destino, que crea en Dios, que eso me lo enviaron, que es la reciprocidad en cuyo principio más creo y hasta un “lo siento, no sé que más hacerte para curar tu dolor.”
Yo si sé. Tengo que hacer esto y muchas otras cosas más. Porque ya sé de donde viene mi dolor. Mi dolor viene del alma. Viene de lo más profundo de mi ser y aunque me lo merezca, yo lo haya atraído o simplemente sea un accidente, sacármelo puedo hacerlo a través de diferentes formas que si sanan.
Escribir con dolor es una de ellas. Porque mis manos no son mis manos aunque a todos les parezcan que si lo son. No lo son. Toco diferente, siento diferente, acaricio diferente. He durante miles de segundos tratado de distraer mi pensamiento para evitar el dolor. He hecho de todo para olvidarlo, para sacarlo, para no sentirlo, aún sabiendo que esa ciencia de nuestro sistema disfuncional haya hallado soluciones para el dolor. Podría haber tomado las pastillas necesarias para evitar este doloroso proceso. Pero un olvido evito que así fuera.
Un olvido o una mala información o peor aún la desinformación me ha expuesto a sentir lo que nunca debí. Y así fue. Y hoy en medio de mi desconcierto y de mis lágrimas por mi profundo dolor, y no de dolor físico precisamente reflexiono que este sistema tan impreciso nos tiene atrapados y enredados, muriéndonos de a pocos, sufriendo con la vida, cuando en muchas otras comunidades ya lo tienen tan resuelto y es tan simple y simplemente sin enredos se permiten gozar la vida, y hasta la muerte.
La salud es como el agua, un derecho. Así como el acceso a la información para que exista esa democracia que nos permitiría vivir en un sistema funcional. Así como la educación para que como especie supuestamente inteligente logre hallar los caminos precisos aún en medio del caos. Nos merecemos tener un sistema funcional. Uno construido por nosotros, pensado por nosotros y que nos funcione a nosotros. Uno que nos permita liberarnos y desarrollarnos como mejores seres en vez de esclavizarnos y convertirnos en una especie temida y odiada. Tenemos que cambiar. Todos. Tenemos que tener la capacidad de discernir que si no hacemos bien nuestra parte esa misma parte nos llegara y golpeará muy fuerte. Es un asunto de reciprocidad. Y funciona para todo.
¿Cómo saber si a quien se le olvido decirme que mi SOAT me debía cubrir la droga para el dolor, que yo misma no podía comprar, ese “su olvido” le llegara de alguna forma convertido en dolor para ella o las personas a quienes ama? Nos hemos ido convirtiendo en seres indisciplinados, imprecisos, no rigurosos, rápidos y sobre todo en una sociedad casi desechable. Poco se salva. Casi nada. El sistema que habitamos prefiere malas noticias que buenas nuevas. Prefiere que alguien en alguna parte se muera, por falta de droga, por exceso de la misma o por cualquier cosa antes de que esa misma persona o cualquier otra reciba beneficios por el simple hecho de ser un simple ser humano. Somos seres humanos. Me confunde intentar saber qué significa eso. Porque no le encuentro respuestas. Y a pesar de que cada quien piensa que cumple con su parte, la sumatoria no es positiva. Y no lo es porque de serlo seríamos capaces de resolver los problemas comunes a todos. Los que nos afectan. Los que nos duelen. Los que nos hacen sufrir.
Cuál es nuestra mayor riqueza como especie? Para cualquier especie? La salud. Es verdad. Así lo es. Una especie enferma prefiere no vivir. Prefiere dejarse morir. Y aunque en el sistema que diseñamos se nos prohíba, en el mundo animal, al que paradójicamente pertenecemos, morirse cuando se está enfermo es de lo más normal. Nosotros a pesar de ser la supuesta especie inteligente que se inventó un supuesto sistema inteligente estamos al final de cuentas sin salud, sin educación y sin posibilidades. Pocos han sabido navegar en las exigencias de este sistema y hoy pertenecen a un pequeñísimo porcentaje de sobrevivencia y por lo tanto de éxito. Aunque esto sea a costa del resto. Qué importa que yo tenga mucho de mucho a costa de que muchos tenga poco de todo. Qué dolor!! Que absurdo!! Sobre todo porque si fuésemos esa supuesta especie inteligente, lo que existe en este planeta alcanza para todos los que lo habitamos y nos sobraría. Podríamos mandar para otros planetas. Y comunicarnos con otras formas de vida. Es sólo entenderlo como sistémico para lograr entender que la economía debería de alcanzar si unos cuantos no quisieran todo para sí mismos. Así como debería alcanzar planeta para todos y ser de una sola nacionalidad, comunidad o para mejor decirlo simplemente terrestres.
Debo confesar que me da pena. De haber nacido en este planeta y de no poder hacer mucho. Porque la resistencia que todos ofrecemos al cambio es mayor que el deseo de habitar responsablemente esta vida. No es de extrañar la miseria que se ve por todos lados, el desplazamiento, el hambre, las guerras, el odio y finalmente el desasosiego de hacer parte de algo que hoy no parece ser de nadie.
ESTE SISTEMA es nuestro, nosotros nos lo inventamos, lo diseñamos, lo construimos y está en nosotros CAMBIARLO todos los días, porque no nos está funcionando. Y es ahí donde más me duele. Me duele porque veo que muchas cosas nos afectan y preferimos aceptarlas calladamente en vez de cuestionarlas o refutarlas para un bien común. Los países mas viejos han avanzado mucho y hoy su salud, educación, acceso a la información, empleo y posibilidades de desarrollo son asequibles a todos y esto ha traído la medio bobadita que la PAZ.
Salud+educación+empleo=PAZ no es una ecuación difícil de comprender. Entonces porque no lo entendemos y hacemos que este sistema de nosotros y para nosotros nos de eso que nos merecemos todos? ¿Y no justamente todo lo contrario? Cada vez jubilarse está más lejos y morirse cada vez más cerca. O sea, que alguien se enriquece con nuestro desgaste y con nuestra muerte. ¿Por qué la salud no deja de ser semejante buen negocio para algunos y se convierte en lo que debe simplemente ser? ¿Un derecho de todos? Uno en el que todos sepamos el debería ser y así fuera. Y no uno en el que se esconde la información para que no le cueste tanto a alguien. Cuando ese alguien en realidad es cada uno de nosotros. Todas las fallas de nuestro sistema las pagamos todos. En módicas sumas o en pagos dolorosos de muchas formas. Y lo peor es que nos quedamos callados inmersos en una supuesta agonía que tarde que temprano nos matara.
No. No es justo. Seamos responsables por una vez y asumamos el reto de cambiar lo que no nos está funcionado a todos. Exijámonos nosotros mismos esos cambios que nos merecemos y hagamos que el sistema nos funcione a nosotros y a no seres invisibles que no viven en esta tierra y a los que habitarla no les duele. comprometámonos con la vida que vivimos y con lo seres que tocamos. Y con los que no tocamos también. Aprendamos de la compasión y vivamos seriamente en cada uno de nuestros espacios. Reflexionemos sobre lo que nos mueve y sobre lo que les dejaremos a otros. Escuchemos nuestro corazón y sintamos que ya no late bien porque algo no anda bien. Pasemos la voz de lo que aprendamos y escuchemos lo que otros aprendieron. Paremos donde haya que parar para que otros sigan y sigamos donde debemos seguir para que todo fluya. No pitemos ni gritemos que nos caemos y es peor. Vivamos pausada y afectuosamente este viaje al que llamamos vida. Construyamos leyes para nosotros no para otros. Encontremos las curas a nuestros dolores sin esconderlas ni negociarlas. No trafiquemos con nuestro bienestar ni el de otros. Perdamos el miedo a perder y también a ganar. Perdamos simplemente el miedo para así convertirnos entonces en esa especie inteligente que decimos ser. Seamos una especie amorosa y saludable para que así trascendamos y seamos verdaderamente ese homo=hombre, sapiens=sabio y major aún el homo sapiens sapiens que somos, dejando atrás el viejo y en extinción todas las practicas que hoy nos aniquilan y nos dejan sin aliento.

El dolor cesa. Pasa. Se va. Y con él la certeza de que aún nos falta mucho para aceptar la triste realidad de que en alguna parte de nuestra evolución nos equivocamos y esto no tiene vuelta atrás. Lo aceptamos y permanecer es más cómodo que cambiar. Duele. Simplemente porque nunca debió ser así. Esto no era lo que yo soñaba para mi hijo. Le deseaba un planeta sostenido y sostenible por esta especie inteligente. Un planeta pacífico, construido por sus especies y para todas sus especies. No un planeta construido por todos para tan solo unos pocos de la misma especie. Un planeta practico y funcional. Es decir, una utopía. Una quimera posible.
Martha Llano
Septiembre 26 de 2012

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